Comprar un terreno o una vivienda sin servicios básicos —como agua, luz o gas— puede implicar mucho más que una simple espera.
En muchos casos, estas propiedades se comercializan con la promesa de futura urbanización o escrituración… pero sin garantías jurídicas reales.
¿El riesgo? Que el loteo no esté aprobado, que no exista subdivisión legal o que nunca se cumplan las condiciones para escriturar.
También puede tratarse de tierras indivisas, sucesiones no concluidas o incluso ocupaciones irregulares.
Sin infraestructura ni habilitación municipal, usted no solo compromete su inversión… sino también la posibilidad de habitar o revender ese bien.
Antes de avanzar, es clave verificar:
factibilidad de servicios, aprobación del loteo, plano registrado y situación dominial.
Recuerde: una promesa no sustituye un derecho real. Y en bienes raíces, lo que no está registrado… no existe jurídicamente.